Tendinitis rotuliana: últimas evidencias y avances en tratamientos
Descubre los últimos avances científicos en la curación de la tendinitis rotuliana (rodilla de saltador). Analizamos terapias regenerativas como plasma rico en plaquetas (PRP) y células madre, tratamientos convencionales optimizados
Índice
La tendinitis rotuliana, o tendinopatía rotuliana (también conocida como “rodilla de saltador”), es una lesión por sobreuso del tendón rotuliano que causa dolor anterior de rodilla y disminución del rendimiento funcional. Afecta con frecuencia a deportistas de disciplinas de salto (baloncesto, voleibol, atletismo), aunque también aparece en población general. En años recientes, han surgido nuevos enfoques terapéuticos y se ha ampliado la evidencia sobre tratamientos existentes. A continuación se analiza científicamente los últimos avances en su curación, incluyendo terapias regenerativas, tratamientos convencionales optimizados, mejoras quirúrgicas, evidencia clínica reciente y consideraciones según el tipo de paciente.

Este post está revisado y corregido por Pablo Martín-Ballestero y el equipo de profesionales de Lemniscata Fisioterapia de Zaragoza.
1. Terapias regenerativas
Las terapias regenerativas buscan activar la curación intrínseca del tendón dañando y promover la regeneración del tejido colágeno. Destacan el plasma rico en plaquetas (PRP) y las células madre mesenquimales, entre otras opciones emergentes. A continuación, se describen sus mecanismos y la evidencia más reciente:
Plasma Rico en Plaquetas (PRP)
El PRP se obtiene centrifugando la sangre del paciente para concentrar las plaquetas y factores de crecimiento, que luego se inyectan en el tendón lesionado. Mecanismo de acción: Las plaquetas liberan gran cantidad de mediadores bioactivos (PDGF, TGF-β, IGF-1, VEGF, entre otros) que estimulan la proliferación de tenocitos (células del tendón) y la síntesis de colágeno, además de modular la inflamación local (fuente ). Estos factores de crecimiento, junto con la formación de una red de fibrina, crean un entorno biológico propicio para la reparación tendinosa. El PRP es seguro al provenir de la propia sangre del paciente y evita los efectos adversos sistémicos de fármacos como los AINEs.
Evidencia científica: A pesar de su sólida base biológica, la efectividad clínica del PRP en tendinitis rotuliana sigue siendo controvertida. Estudios clínicos han arrojado resultados mixtos. Por un lado, algunos metaanálisis sugieren que infiltraciones múltiples de PRP pueden generar mejoras del dolor superiores y más duraderas que el ejercicio excéntrico solo, especialmente en casos crónicos refractarios a tratamientos conservadores. De hecho, en revisiones de meta-análisis se concluyó que varias aplicaciones de PRP mostraron ser superiores al ejercicio excéntrico cuando éste no logra resolver la tendinopatía. Por otro lado, ensayos controlados recientes no han encontrado diferencias significativas entre PRP y tratamientos placebo o inyecciones alternativas. Por ejemplo, un metaanálisis de 2022 no halló beneficio adicional del PRP en el alivio del dolor comparado con otras inyecciones no-PRP. De forma similar, un estudio de 2023 reportó ausencia de diferencias significativas en dolor o función al comparar PRP contra un control en tendinopatía rotuliana. Esta disparidad en la evidencia refleja la heterogeneidad de protocolos (volumen de PRP, número de dosis, presencia de leucocitos, etc.) y sugiere que los resultados pueden depender de optimizar dichas variables. En resumen, el PRP es una terapia prometedora por su potencial regenerativo, pero la literatura muestra resultados inconsistentes, y aún no se establece un consenso sobre su efectividad rutinaria.
Terapia con células madre mesenquimales
La aplicación de células madre mesenquimales (MSC) derivadas del propio paciente es otra estrategia regenerativa en auge. Estas células pluripotenciales (obtenidas típicamente de médula ósea o tejido adiposo) pueden diferenciarse hacia tejidos conectivos y secretan citocinas y factores tróficos que favorecen la reparación. Mecanismo de acción: Evidencias preclínicas sugieren que las MSC aceleran y mejoran la calidad de la curación tendinosa, ya sea transformándose en células tipo tenocito o mediante efectos paracrinos que estimulan el reclutamiento y actividad de células reparadoras locales. Además, en lesiones con degeneración avanzada, las MSC pueden rellenar defectos en la matriz y restablecer la integridad estructural del tendón.
Evidencia científica: Aunque aún limitada, la evidencia clínica inicial es alentadora. Un ensayo clínico reciente de fase 1/2 (España, 2021-2023) evaluó la inyección intratendinosa de células madre mesenquimales de médula ósea (BM-MSC) expandidas en pacientes con tendinopatía rotuliana crónica refractaria. A 6 meses, los pacientes tratados con BM-MSC mostraron una regeneración estructural significativa del tendón en resonancia magnética y ecografía comparado con un grupo tratado con PRP leucocitopobre, el cual no evidenció regeneración a ese plazo. En cuanto a síntomas, ambos grupos (MSC y PRP) lograron mejoras clínicas en el dolor y la función con la rehabilitación, sin diferencias significativas entre ellos a medio plazo. Posteriormente, a todos los pacientes se les administró tratamiento con células madre y se evaluó el resultado a 12 meses. Los resultados finales a 1 año fueron positivos: el tratamiento biológico fue seguro (sin eventos adversos) y se observó una mejoría clínica altamente significativa en escalas de dolor y función (p < 0,0002), acompañada de mejoría en la estructura del tendón en RM (p < 0,0001). No se encontró ventaja añadida por haber aplicado PRP previamente, sugiriendo que el efecto beneficioso se atribuye principalmente a las células madre. Si bien este estudio es preliminar (n=20 pacientes), aporta evidencia de que las MSC pueden promover la reparación tendinosa y mejorar síntomas en tendinopatía rotuliana crónica resistente. Otras investigaciones piloto, incluyendo el uso de MSC derivadas de grasa, también han reportado mejoras clínicas y incluso reparación estructural parcial en tendones patelares crónicos. En conjunto, las terapias con células madre se perfilan como una frontera prometedora para casos severos, aunque se requieren más ensayos controlados para establecer su eficacia relativa, dosis óptima y criterios de uso.
Otros tratamientos emergentes
Además de PRP y células madre, existen otras terapias emergentes dirigidas a promover la regeneración o aliviar la tendinopatía crónica:
- Proloterapia (inyecciones de dextrosa hipertónica): Consiste en inyectar una solución irritante (por ejemplo, dextrosa al 20-25%) en el tendón o alrededor de éste, buscando inducir una respuesta inflamatoria controlada que inicie un proceso de cicatrización. Se ha utilizado en tendinopatía rotuliana crónica con algunos resultados positivos, aunque la evidencia es limitada. Se considera una alternativa mínimamente invasiva cuando otras terapias fallan.
- Inyecciones de alta volumen: Infiltración de un gran volumen de solución salina con anestesia local en el espacio peritendinoso. Esta técnica busca romper vasos sanguíneos anómalos y neoinervación asociada al dolor crónico, similar al mecanismo de “scraping” quirúrgico. Ha mostrado cierto éxito en tendón de Aquiles y se ha probado en rodilla con resultados variables.
- Factores de crecimiento recombinantes: En investigación, por ejemplo la administración local de BMPs o de PDGF recombinante, con el objetivo de potenciar la síntesis matricial. Hasta la fecha no hay protocolos establecidos en tendón rotuliano, pero podrían desarrollarse en el futuro.
- Trasplante de tenocitos autólogos: Técnica aún experimental que consiste en cultivar células tendinosas del propio paciente en el laboratorio e implantarlas en la zona lesionada. Se ha reportado su uso en tendinopatías resistentes (por ejemplo, en codo o Aquiles) con algunas mejorías, pero en tendón rotuliano los datos son escasos.
- Otros biológicos: como la plasma rico en fibrina (PRF), una variación del PRP que forma un gel rico en fibrina y leucocitos, o productos derivados de tejidos fetales (ej. matrices de membrana amniótica) que podrían inyectarse para estimular la reparación. Estas opciones están en etapas iniciales de exploración.
- Técnica EPI o Electrólisis Percutánea. Es una técnica de electroterapia que también es considerada como terapia regenerativa, puesto que es lo que se promueve con su utilización. Se trata de una corriente eléctrica galvánica que se aplica en la zona más deteriorada o inflamada del tendón, a través de una aguja de acupuntura y siempre bajo seguimiento de imagen ecográfica. Cuando esta corriente entra en la zona más deteriorada del tendón promueve una inflamación controlada en esa zona, para así acelerar la eliminación de sustancias dañinas y la reparación del tejido lesionado. Esta técnica la realizan los fisioterapeutas que tienen la formación académica pertinente y fue desarrollada en España por el Dr. José Manuel Sánchez, antes de ser exportada a todo el mundo. Son varios los estudios científicos que avalan su utilización en patologías tendinosas agudas y crónicas, si bien las revisiones sistemáticas de dichos estudios avalan su eficacia a corto plazo para manejar el dolor y siempre en combinación con programas de ejercicio que progresivamente aumenten la carga del tendón rotuliano
En resumen, las terapias regenerativas ofrecen nuevas esperanzas en casos resistentes. PRP y células madre son las más avanzadas, con mecanismos plausibles de regeneración tendinosa. Los estudios recientes indican mejoras clínicas y estructurales con su uso, aunque con resultados heterogéneos y metodologías variables. Se necesita investigación adicional para definir protocolos óptimos y comparar su eficacia frente a tratamientos convencionales.
2. Tratamientos convencionales
A pesar de los nuevos enfoques, los tratamientos convencionales siguen siendo la base del manejo de la tendinitis rotuliana, especialmente en etapas iniciales. Incluyen la fisioterapia y rehabilitación dirigida (principalmente ejercicios de carga), terapias físicas no invasivas, y fármacos para control del dolor/inflamación. A continuación, se revisan los principales métodos convencionales y la evidencia reciente sobre su eficacia:
Fisioterapia y ejercicios (carga excéntrica y otros)
La rehabilitación física es el pilar fundamental y primera línea de tratamiento en tendinopatía rotuliana. En particular, el ejercicio excéntrico (contracción del cuádriceps mientras el tendón se alarga, por ejemplo bajando lentamente en una sentadilla unipodal) ha sido tradicionalmente el protocolo más recomendado. Estudios clínicos a lo largo de años han demostrado que programas excéntricos reducen el dolor y mejoran la función en un porcentaje importante de pacientes, por lo que se consideran estándar de cuidado inicial. De hecho, un consenso internacional sugiere que la carga excéntrica debe mantenerse como tratamiento de primera línea dada su seguridad y buenos resultados en muchos casos. El mecanismo propuesto es que la carga controlada estimula la remodelación del tendón, favorece la alineación de fibras de colágeno y aumenta la tolerancia del tejido a la tensión.
Avances en ejercicios: Recientemente, la fisioterapia de tendinopatías ha evolucionado para incluir otros tipos de carga terapéutica. Por ejemplo, los ejercicios isométricos (contracciones sostenidas sin cambio de longitud, p.ej. mantener una semi-sentadilla estática) pueden aliviar el dolor de forma inmediata mediante mecanismos neurales, y se utilizan como complemento analgésico durante la rehabilitación excéntrica. Aunque la evidencia es de baja calidad, se ha observado que una serie de contracciones isométricas del cuádriceps puede disminuir el dolor patelar de forma transitoria, facilitando la realización de ejercicios posteriores. Por otro lado, el ejercicio de resistencia pesado-lento (“heavy slow resistance”), que combina contracciones concéntricas y excéntricas con cargas elevadas y movimientos lentos (por ejemplo, prensa de piernas pesada a ritmo lento), ha mostrado resultados comparables o superiores al protocolo excéntrico puro en algunos estudios. Esta modalidad busca estimular adaptaciones de fuerza y estructurales en el tendón a través de carga progresiva. Evidencia limitada sugiere que los programas de carga progresiva (que incorporan excéntrico, concéntrico lento e isométrico) podrían lograr mejores resultados a medio plazo que el excéntrico aislado. Por ello, se tiende a individualizar la fisioterapia combinando distintos tipos de ejercicio terapéutico según tolerancia del paciente. En todos los casos, se recomienda un periodo mínimo de 12 semanas de rehabilitación estructurada antes de considerar que el tratamiento conservador ha fracasado.
Además de los ejercicios, la fisioterapia puede incluir técnicas complementarias: masaje transverso profundo, estiramientos, mejora de la mecánica deportiva, y fortalecimiento de la musculatura adyacente (cadena muscular extensora, cadera y core) para disminuir la sobrecarga en el tendón rotuliano. Aunque estas intervenciones de apoyo no tienen tanta evidencia específica, suelen formar parte de un abordaje integral exitoso.
Terapia de ondas de choque (ESWT)
La terapia de ondas de choque extracorpóreas (ESWT) consiste en aplicar ondas acústicas de alta energía sobre el tendón patelar, lo cual induce microtraumatismos controlados que estimulan la vascularización y la reparación del tejido. En tendinopatía crónica, las ondas de choque también pueden tener un efecto analgésico mediante la destrucción de terminaciones nerviosas patológicas y neovasos asociados al área de degeneración.
Eficacia clínica: La evidencia sobre ESWT en tendinitis rotuliana es variada. Algunos estudios han reportado mejorías significativas en el dolor y la función tras varias sesiones de ondas de choque. Un metaanálisis sugiere que, a largo plazo, los resultados del ESWT podrían ser equiparables a los de la cirugía, y superiores a otras opciones no quirúrgicas en casos crónicos. En revisiones de meta-análisis hasta 2024, ESWT emergió como uno de los tratamientos conservadores más prometedores, con beneficios mantenidos en seguimiento prolongado similares a intervención quirúrgica. Sin embargo, otros ensayos controlados presentan conclusiones más escépticas. Un análisis de la literatura (2021) indicó que, al menos en el corto plazo, la adición de ondas de choque no supera a un tratamiento placebo cuando ambos grupos realizan también ejercicio excéntrico (a systematic review and network meta-analysis of randomised studies). De hecho, al combinar los datos disponibles, se recomendó no usar ESWT como monoterapia inicial dada la insuficiente evidencia de beneficio claro sobre el protocolo de ejercicios estándar. Es decir, las ondas de choque podrían considerarse como tratamiento de segunda línea o complemento en tendinopatías refractarias, más que como sustituto del ejercicio. Cabe destacar que la heterogeneidad en los tipos de onda (focal vs radial), dosis de energía y número de sesiones entre estudios dificulta la comparación. En suma, la ESWT es una modalidad segura y relativamente no invasiva, con potencial efecto beneficioso, pero la literatura muestra resultados dispares – con algunos trabajos apoyando su eficacia significativa y otros encontrando un efecto modesto similar al placebo. Actualmente, muchos clínicos la emplean cuando el paciente no mejora lo suficiente con rehabilitación, antes de optar por medidas invasivas, aunque con expectativas realistas.
Fármacos antiinflamatorios y otras medidas convencionales
En la tendinopatía rotuliana, a diferencia de otras lesiones agudas, la inflamación no es el proceso dominante (se trata más bien de un proceso degenerativo). Aun así, los fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) se usan con frecuencia a corto plazo para controlar el dolor, especialmente en fases reactivo-agudas. Medicamentos como ibuprofeno o diclofenaco pueden disminuir las molestias transitorias, aunque no existe evidencia de que mejoren la curación tendinosa a largo plazo. Su uso se recomienda de manera prudente y puntual, ya que los AINEs crónicos podrían incluso inhibir la síntesis de colágeno. En casos de dolor intenso, se pueden emplear analgésicos simples (paracetamol) o eventualmente opiáceos menores por periodos breves, aunque esto último es poco común en tendinopatías.
Una opción farmacológica tópica es el nitroglicerina en parche transdérmico (GTN). Estudios en tendinopatías han mostrado que la administración local de nitroglicerina (0,2-0,4 mg/día) libera óxido nítrico, un modulador que puede mejorar la síntesis de colágeno y aliviar dolor. Un metaanálisis reciente sugiere que el GTN tópico podría ser considerado como tratamiento coadyuvante si tras 12 semanas de carga excéntrica no hay mejoría suficiente. Su efecto suele evaluarse a mediano plazo (8-12 semanas) y algunos pacientes experimentan reducción del dolor en reposo y nocturno.
Respecto a infiltraciones tradicionales, la inyección de corticosteroides (p. ej. depósitos de cortisona) se ha utilizado históricamente en tendinitis para aliviar el dolor a corto plazo. En el tendón rotuliano, los corticoides pueden brindar un alivio rápido de síntomas inflamatorios, pero no se recomiendan de rutina debido a sus efectos adversos: pueden debilitar la estructura tendinosa y se asocian a alto riesgo de recurrencias e incluso roturas si se abusa de ellos. Por ello, su uso debe reservarse a casos puntuales de dolor rebelde, y siempre junto con un plan de rehabilitación; incluso muchos especialistas optan por evitarlos por completo en el tendón rotuliano de atletas activos.
Otros tratamientos convencionales incluyen medidas de descarga y ortesis. Por ejemplo, el uso de una cincha infrarrotuliana o tape rígido/elástico sobre el tendón puede modificar la distribución de fuerzas y aliviar temporalmente el dolor durante la actividad. Aunque la evidencia de su efectividad es principalmente anecdótica, muchos deportistas refieren mejoría funcional con estas ayudas mecánicas, por lo que pueden utilizarse como complemento. Asimismo, la aplicación de frío local (hielo) tras el ejercicio ayuda a mitigar el dolor reactivo.
En síntesis, los abordajes conservadores han ido refinándose: el ejercicio terapéutico (especialmente excéntrico, posiblemente combinado con isométricos y carga progresiva) sigue siendo la piedra angular por su seguridad y beneficio demostrado. Se pueden sumar terapias físicas (ondas de choque, etc.) como segunda línea, y utilizar fármacos para controlar el dolor permitiendo la realización de la rehabilitación. La combinación adecuada de estas herramientas logra mejorías en la mayoría de pacientes, evitando o postergando la necesidad de intervenciones más invasivas.
3. Avances en cirugía
Cuando el manejo conservador fracasa y el dolor incapacita al paciente (especialmente si impide el deporte o actividades laborales), se considera el tratamiento quirúrgico. Tradicionalmente, la cirugía para tendinitis rotuliana consistía en la tenotomía abierta con desbridamiento: resección del tejido tendinoso degenerado en la porción proximal del tendón (inserción en el polo inferior de la rótula) y estimulación del sangrado para desencadenar una cicatrización. En años recientes se han introducido mejoras y nuevas técnicas quirúrgicas, buscando reducir la invasividad, acelerar la recuperación y optimizar resultados:
- Técnicas artroscópicas o mínimamente invasivas: En lugar de un abordaje abierto amplio, hoy se emplean frecuentemente abordajes por artroscopia o mini-incisiones. Por vía artroscópica (generalmente entrando desde el compartimento anterior de la rodilla), el cirujano puede fresar o rasurar la porción degenerada del tendón patelar bajo visualización, removiendo tejido patológico y preservando tanto como sea posible el tendón sano. Según una revisión sistemática, la cirugía artroscópica logra tasas de éxito similares a la abierta, pero con menor morbilidad y retorno más rápido al deporte (). En concreto, los pacientes operados por técnica artroscópica presentaron menos complicaciones y pudieron volver a la actividad en menos tiempo, en comparación con técnicas abiertas tradicionales (). Por ello, muchos cirujanos la prefieren actualmente, sobre todo en deportistas. Otra técnica percutánea es la tenotomía guiada por ecografía (a veces denominada “fenestración” o needle tenotomy), donde múltiples punciones con aguja rompen las fibras degeneradas y estimulan la respuesta de cicatrización, a veces combinada con infiltración de PRP durante el procedimiento. Estas aproximaciones percutáneas pueden realizarse bajo anestesia local y evitar quirófano formal; reportes iniciales muestran alivio sintomático en casos crónicos, aunque la evidencia comparativa es limitada.
- Desbridamiento selectivo de neovasos (técnica de “scraping”): Un avance destacado es la técnica desarrollada para tendinopatías crónicas por el Dr. Håkan Alfredson y colegas, aplicada al tendón rotuliano. Consiste en introducir un bisturí o cucharilla por punción percutánea y raspar la superficie posterior del tendón donde se encuentran proliferaciones de vasos sanguíneos y nervios sensitivos anómalos (detectados por Doppler). Al “raspar” (scrape) se destruyen estos neovasos y nervios, reduciendo el dolor y estimulando la curación. Un estudio reportó que este desbridamiento percutáneo ecoguiado del tendón patelar logró mejorar significativamente el dolor y la función, además de evidenciar mejoría en la estructura tendinosa al control de 6 meses, sin complicaciones registradas ([PDF] University of Groningen Towards healthy tendon ageing Zwerver …). Esta técnica tiene la ventaja de ser muy poco invasiva (generalmente no requiere sutura ni anestesia general) y permitir una rehabilitación más rápida.
- Intervenciones sobre el hueso o inserción: En casos donde existe involucramiento óseo (por ejemplo, osteofitos en el polo inferior de la rótula o calcificaciones), algunos cirujanos realizan procedimientos complementarios. La regularización del polo inferior rotuliano (resección de un fragmento de hueso) puede eliminar zonas de conflicto y mejorar la vascularización en la entesis. De hecho, se ha observado que en tendinopatías muy proximales, añadir un procedimiento óseo puede aumentar la tasa de éxito y la probabilidad de retorno pleno al deporte (). No obstante, otros estudios no han encontrado diferencias significativas en resultados al comparar cirugías con o sin resección ósea, por lo que esta decisión suele individualizarse según los hallazgos intraoperatorios.
- Refuerzo con injertos: En tendones con defectos extensos o de mala calidad, hay técnicas que utilizan injertos para reforzar la reparación. Por ejemplo, se ha descrito la reconstrucción del tendón rotuliano envolviéndolo con injertos de isquiotibiales (grácil/semitendinoso) autólogos, a modo de refuerzo biológico (Patellar Tendon Open Debridement and Reconstruction With …). Esto se reserva para casos extremos o reintervenciones, dada su mayor complejidad.
Resultados clínicos y tasas de éxito: Globalmente, la cirugía ofrece buenos resultados en la mayoría de pacientes refractarios. Las revisiones de la literatura indican que alrededor de 77–80% de los casos logran un resultado satisfactorio tras la cirugía, entendiéndose como retorno a la actividad sin dolor incapacitante. En estudios con seguimiento prolongado, más de tres cuartas partes de los pacientes reportan mejoría importante del dolor y funcionalidad tras la tenotomía abierta o artroscópica. En deportistas, las series muestran que la gran mayoría puede volver al entrenamiento y competencia tras la recuperación postquirúrgica (en plazos variables). Un meta-análisis encontró tasas de éxito consistentemente por encima del 77%, confirmando que la cirugía suele aliviar el dolor y permitir retomar la actividad en la mayoría de los pacientes. Sin embargo, es importante destacar que la recuperación es prolongada: típicamente se requieren al menos 4 a 6 meses de rehabilitación postoperatoria antes de retornar a deporte competitivo. Esto hace que la opción quirúrgica no resulte atractiva, especialmente para atletas en temporada, salvo que sea absolutamente necesaria. Además, toda cirugía conlleva riesgos: aunque las complicaciones serias son poco frecuentes, pueden incluir infección, rigidez, debilidad residual o, raramente, ruptura del tendón durante la rehabilitación. El fallo del tratamiento quirúrgico (no obtener mejoría) ocurre en una minoría de casos, pero cuando sucede el pronóstico es reservado, ya que las opciones se vuelven limitadas.
En cuanto a avances en evidencia, cabe señalar que la mayoría de estudios sobre cirugía en tendinopatía rotuliana son series de casos o cohortes retrospectivas, sin muchos ensayos controlados. Una revisión sistemática (Khan et al., 2016) enfatizó la falta de evidencia de alta calidad sobre qué técnica quirúrgica es superior y sobre los protocolos de rehabilitación óptimos tras cirugía (). Aún así, concluyó que las diversas técnicas reportadas tienen tasas de éxito comparables, y que la cirugía en general brinda resultados satisfactorios en pacientes crónicos () (). Por lo tanto, la elección del método específico suele depender de la preferencia del cirujano y las características de la lesión (localización de la degeneración, tamaño de la lesión, etc.), más que de diferencias demostradas en eficacia. Los avances actuales se dirigen a hacer la cirugía lo menos invasiva posible y a combinarla con terapias biológicas (p.ej., aplicar PRP durante la cirugía) para potenciar la curación.

4. Evidencia clínica reciente y comparación de eficacia
En los últimos años se han publicado numerosos estudios – desde ensayos clínicos aislados hasta revisiones sistemáticas y metaanálisis – que evalúan la eficacia de las distintas modalidades de tratamiento para la tendinopatía rotuliana. Esta proliferación de literatura permite un análisis comparativo más robusto, aunque también refleja la variabilidad de resultados. A continuación, se sintetizan hallazgos clave de la evidencia clínica reciente:
- Revisiones sistemáticas y metaanálisis globales: Un estudio de 2024 recopiló 21 metaanálisis previos sobre tratamientos de tendinitis rotuliana, destacando que la calidad global de la evidencia es baja (ninguna de las revisiones alcanzó alta calidad metodológica) y los resultados son heterogéneo. Aun así, emergen algunas tendencias: por ejemplo, se observó que las infiltraciones repetidas de PRP mostraron beneficios duraderos en pacientes donde falló el manejo conservador, superando los resultados del ejercicio excéntrico solo. Igualmente, la terapia de ondas de choque apareció en algunos análisis como efectiva a largo plazo, con resultados similares a la cirugía en términos de reducción de dolor en seguimientos prolongados. No obstante, la misma revisión resalta que ningún tratamiento cuenta con evidencia contundente, y que persisten conclusiones inconsistentes – por ejemplo, la efectividad del ejercicio excéntrico, considerada pilar terapéutico, no fue confirmada unánimemente por todos los estudios (algunos metaanálisis mostraron beneficios claros, mientras otros no encontraron diferencias significativas respecto a controles. Los autores concluyen que hacen falta ensayos clínicos y metaanálisis más rigurosos para fortalecer las recomendaciones clínicas.
- Estudios comparativos de tratamientos convencionales: En 2021, un metaanálisis en red (network meta-analysis) integrando múltiples RCTs comparó diversas intervenciones. Sus conclusiones sugerían continuar utilizando el ejercicio excéntrico como primera línea dada su buena tolerabilidad y seguridad, e incluso probar ejercicio isométrico como complemento analgésico inmediato. Al contrario, este análisis desaconsejó el uso de ondas de choque (ESWT) como monoterapia inicial por falta de superioridad demostrada sobre placebo. También sugirió que los ejercicios de resistencia pesada-lenta podrían ser tan efectivos como los excéntricos tradicionales, aunque la evidencia era limitada. Interesantemente, opciones como el parche de GTN o las infiltraciones de ácido hialurónico mostraron cierta eficacia y podrían considerarse como tratamientos coadyuvantes tras semanas de rehabilitación fallida. Esto ilustra cómo la investigación reciente intenta refinar el rol de cada tratamiento dentro de un algoritmo escalonado de manejo.
- Evidencia sobre terapias regenerativas: La proliferación de estudios sobre PRP ha llevado a metaanálisis específicos en tendón rotuliano. Algunos, como se mencionó, han encontrado mejoría significativa con PRP frente a controles (especialmente cuando se administran múltiples dosis. Sin embargo, otros metaanálisis más recientes (2022-2023) reportan resultados negativos o mixtos, señalando que el PRP no aporta beneficios clínicos consistentes en comparación con placebo u otras inyecciones. La discrepancia podría deberse a la variabilidad en el producto PRP usado (concentración de plaquetas, presencia de leucocitos) y en los protocolos de ejercicio concurrentes. En cuanto a células madre, la evidencia clínica aún es incipiente pero promisoria: el ensayo controlado de Soler et al. (2023) demostró mejoras tanto estructurales como de síntomas con MSC en tendones rotulianos crónicos, mientras que el grupo control (PRP) solo alcanzó mejoría sintomática sin regeneración en imagen. Este estudio soporta la hipótesis de que las células madre podrían lograr efectos reparativos superiores, aunque debe corroborarse con muestras mayores. En general, las terapias biológicas han mostrado ser seguras en los ensayos (sin eventos adversos serios reportados), lo cual es un dato importante al considerar su uso más amplio.
- Comparación con cirugía: La elección entre seguir con tratamientos conservadores prolongados vs. optar por cirugía se apoya en parte en la evidencia de resultados respectivos. Estudios no aleatorizados han comparado, por ejemplo, ejercicio excéntrico vs cirugía abierta, encontrando mejorías similares en escalas funcionales en seguimientos de un año, aunque obviamente con tiempos de recuperación distintos. Esto sugiere que en algunos pacientes la rehabilitación bien llevada puede lograr resultados equiparables a la cirugía (sin los riesgos de ésta), lo que respalda agotar las opciones no invasivas primero. No obstante, en pacientes que no responden tras varios meses, la cirugía ofrece un índice de éxito alto (~80%), por lo que sigue siendo una alternativa válida para casos refractarios. Un punto destacable es que incluso la cirugía no garantiza el 100% de curaciones – de ahí que se siga investigando cómo mejorar todos los abordajes.
- Nuevos estudios clínicos en curso: La literatura reciente también menciona investigaciones en curso o muy nuevas, como ensayos con agentes esclerosantes (ej. polidocanol) para obliterar neovasos sin cirugía, o el uso de terapia génica local (por ahora solo en modelos animales). Aunque aún sin resultados en pacientes, muestran la dirección de la ciencia hacia tratamientos más específicos.
En conclusión, la evidencia clínica reciente refuerza la idea de un manejo multimodal y personalizado. Los tratamientos convencionales (rehabilitación) siguen siendo fundamentales y efectivos en muchos casos, mientras que terapias regenerativas como PRP y MSC aportan opciones adicionales cuando lo estándar falla. La cirugía continúa como recurso exitoso para resolver casos crónicos, pero dada su invasividad, se reserva para el final. Importantemente, los metaanálisis revelan que hacen falta más ensayos controlados de calidad para determinar con mayor certeza qué terapias son óptimas y en qué combinaciones. Hasta entonces, la decisión terapéutica se basa en la evidencia disponible más la experiencia clínica, considerando las particularidades de cada paciente.
5. Aplicaciones en distintos grupos de población: deportistas de élite vs. población general
La tendinitis rotuliana no afecta por igual a todos los pacientes, y el enfoque de tratamiento puede variar dependiendo de si se trata de un deportista de alto rendimiento o de un individuo de la población general menos activo. A continuación, se exploran las diferencias en presentación, manejo y recuperación entre estos grupos:
Deportistas de alto rendimiento

En atletas de élite, la tendinopatía rotuliana es particularmente prevalente y problemática. Estudios epidemiológicos muestran tasas de prevalencia elevadas en deportes de salto: por ejemplo, alrededor del 45% de jugadores de voleibol élite y un 31% de basquetbolistas élite presentan signos de tendinopatía rotuliana en algún momento de su carrera. En comparación, los atletas no élite tienen prevalencias más bajas (~8–15%) lo que refleja la enorme exigencia mecánica a la que los deportistas profesionales someten a sus tendones. Además de frecuente, en deportistas esta lesión tiene un gran impacto: el dolor patelar crónico puede limitar el entrenamiento, disminuir el rendimiento en competencia e incluso acortar la carrera deportiva si no se logra resolver. Hay casos documentados de atletas de alto nivel que se han visto obligados al retiro prematuro debido a tendinopatías rotulianas intratables.
Debido a estas implicaciones, el manejo en deportistas suele ser más agresivo y temprano. Los atletas de élite típicamente cuentan con fisioterapeutas y personal médico que implementan desde fases iniciales programas intensivos de rehabilitación (ejercicios diarios supervisados, técnicas avanzadas como la restricción de flujo sanguíneo, etc.). Aun con ello, el retorno al deporte no siempre está garantizado: los resultados de los tratamientos no quirúrgicos en esta población son a veces impredecibles, y no todos logran volver al nivel previo pese a seguir protocolos estrictos. Se estima que aproximadamente un 10% de los pacientes (muchos de ellos atletas) no responden a ningún tratamiento conservador y terminan requiriendo cirugía. Este porcentaje puede parecer bajo, pero en contexto deportivo significa que 1 de cada 10 casos acaba en el quirófano tras agotar fisioterapia, ondas de choque, PRP, etc.
Otra diferencia es la tolerancia al dolor y la urgencia: los deportistas suelen intentar continuar compitiendo a pesar del dolor, a veces exacerbando la lesión. Esto complica el tratamiento, ya que el reposo relativo es difícil de conseguir en plena temporada. Paradójicamente, algunos deportistas de élite pueden convivir con cierto grado de tendinopatía y rendir adecuadamente (compensando con otras estrategias), por lo que el umbral para optar por una intervención invasiva puede depender de cuánto afecte su rendimiento más que del dolor en sí.
Respecto a los resultados de las intervenciones, en deportistas se reportan tasas altas de éxito cuando se logra completar el tratamiento. Una revisión sistemática centrada en atletas con roturas parciales del tendón rotuliano (considerada una progresión de la tendinopatía) halló que más del 90% de los deportistas lograron volver al deporte luego del tratamiento, ya sea este conservador o quirúrgico. Esta cifra es alentadora y sugiere que, con el manejo adecuado, la mayoría de atletas pueden reanudar la competencia. Sin embargo, es importante notar que el tiempo promedio de retorno en esa revisión fue de casi 4 meses, lo cual representa una porción significativa de una temporada deportiva. Los atletas suelen someterse a rehabilitaciones muy dirigidas post-tratamiento (por ejemplo, programas de fortalecimiento progresivo, reintegración deportiva escalonada) para asegurar una recuperación completa antes de competir a máxima intensidad.
En cuanto a la selección de tratamiento en deportistas, suele haber una mayor disposición a probar terapias innovadoras. Por ejemplo, el uso de PRP se popularizó inicialmente en atletas profesionales buscando acortar tiempos de recuperación. De igual forma, las células madre o procedimientos como el scraping ecoguiado han sido aplicados en deportistas de élite antes de estar plenamente validados, dada la necesidad de encontrar soluciones cuando lo convencional no basta. La cirugía, si bien es último recurso, se indica sin dudar cuando la carrera del atleta depende de ello y el resto ha fallado – con la comprensión de que luego vendrá un periodo de rehabilitación prolongado. Afortunadamente, con las mejoras quirúrgicas (artroscopia) se ha visto que los atletas pueden volver un poco más rápido y con menos complicaciones que antes ().
En resumen, los deportistas de alto rendimiento representan un grupo especial donde la tendinitis rotuliana se maneja de forma más agresiva y multidisciplinaria. Aunque enfrentan desafíos (necesidad de seguir compitiendo, alta exigencia de recuperación total), la mayoría logra superar la lesión con un plan adecuado, y las tasas de retorno exitoso al deporte superan el 90% en manos expertas (Partial Patellar Tendon Tears in Athletes: A Systematic Review of Treatment Options, Outcomes, and Return to Sport | Published in Orthopedic Reviews). La prioridad en ellos es restaurar la capacidad de alto rendimiento, no solo quitar el dolor, por lo que todos los avances terapéuticos comentados (regenerativos, físicos y quirúrgicos) suelen concentrarse en optimizar su recuperación.
Población general
En pacientes no deportistas o atletas recreativos, la tendinopatía rotuliana suele tener un curso y manejo algo distintos. La incidencia en la población general es menor, y a menudo asociada a factores como sobrecarga laboral (trabajos que impliquen arrodillarse o agacharse repetidamente), actividades recreativas (correr, deportes ocasionales) o predisposiciones (sobrepeso, desejes en la rodilla). Al no tener las presiones de la competición deportiva, generalmente estos pacientes pueden permitirse un manejo más conservador prolongado y pausas más largas en las actividades desencadenantes.
El objetivo del tratamiento en la población general es recuperar la función en las actividades cotidianas y el ejercicio recreativo, más que alcanzar un rendimiento deportivo extremo. En este grupo, la rehabilitación fisioterapéutica suele ser muy efectiva cuando se sigue adecuadamente. Muchos pacientes logran mejorar con programas de ejercicios domiciliarios (una vez enseñados por el fisioterapeuta), siempre que sean constantes. La adherencia al ejercicio terapéutico puede ser un reto (al no tener la motivación de volver a competir, algunos abandonan si el dolor disminuye parcialmente), por lo que la educación del paciente es clave.
Las expectativas de recuperación suelen ser más flexibles: por ejemplo, si una persona solo desea estar libre de dolor para sus actividades diarias y algo de deporte recreativo, puede tolerar un periodo de rehabilitación más largo y evitar opciones invasivas mientras vaya mejorando poco a poco. Así, muchos casos en población general se resuelven con fisioterapia en 3-6 meses, aunque el paciente deba restringir ciertas actividades (como saltar, correr largas distancias) durante ese tiempo.
El uso de tratamientos avanzados en este grupo depende de la severidad de los síntomas y de la preferencia del paciente. Un deportista profesional quizás probará PRP o cirugía más rápidamente para agilizar su vuelta, mientras que alguien de la población general podría optar por evitar infiltraciones o cirugías a menos que el dolor sea persistente pese a toda terapia conservadora. No obstante, si un paciente general sufre una tendinitis rotuliana crónica muy limitante (por ejemplo, que le impide su trabajo o actividades básicas), también se beneficiará de estos avances. La literatura no distingue grandes diferencias en la eficacia intrínseca de los tratamientos entre atletas y no atletas – es decir, un PRP o una cirugía bien realizada pueden ser igual de efectivos en un paciente recreativo que en uno de élite. La diferencia radica más en los tiempos de recuperación y las demandas funcionales posteriores. Un no atleta puede considerar exitoso simplemente poder caminar sin dolor y subir escaleras, mientras que un atleta evalúa el éxito si puede volver a hacer un mate en baloncesto sin molestias.
En general, la tasa de éxito en población general es elevada con tratamientos no quirúrgicos. Dado que la exigencia física que impondrán al tendón post-recuperación es menor, es menos probable que sufran recaídas si mantienen un nivel adecuado de actividad. Estudios sugieren que tras fisioterapia adecuada, la mayoría de pacientes no atletas quedan satisfechos con el resultado y no requieren cirugía. Aquellos que sí terminan en cirugía suelen ser los casos más severos o prolongados. La cirugía en población general también tiene alta tasa de éxito (similar ~80%), y estos pacientes pueden retornar a sus actividades habituales (aunque quizá no a deportes de alto impacto) tras la rehabilitación postquirúrgica.
Finalmente, un aspecto a considerar es la edad y comorbilidades: en población general puede haber pacientes de mayor edad, con menor capacidad de regeneración tendinosa, o con factores como diabetes que entorpezcan la curación. En estos casos, el umbral para optar por terapias regenerativas (PRP, etc.) podría ser más bajo, buscando mejorar la biología de la curación. Asimismo, en pacientes mayores se suele ser más conservador con la cirugía, debido a la cicatrización más lenta. Por el contrario, los atletas élite suelen ser jóvenes y sanos, con gran potencial de recuperación, lo cual influye positivamente en los resultados.
En síntesis, la principal diferencia entre deportistas de alto rendimiento y población general radica en las demandas funcionales y el contexto de tratamiento, más que en diferencias fisiológicas en la lesión. Los atletas requieren estrategias más intensivas y a veces innovadoras para volver a la competición, mientras que los pacientes generales típicamente responden bien a enfoques conservadores y pueden permitirse más tiempo para sanar. No obstante, los avances terapéuticos – desde ejercicios optimizados hasta PRP, células madre o nuevas cirugías – son aplicables a ambos grupos, ajustando las expectativas de recuperación a las necesidades de cada paciente.
Conclusión: La curación de la tendinitis rotuliana ha progresado significativamente en la última década mediante una combinación de innovación biotecnológica (PRP, células madre), optimización de la fisioterapia (ejercicio pesado-lento, isométricos) y mejoras en técnicas quirúrgicas (artroscopia, procedimientos percutáneos). La evidencia científica reciente apoya muchos de estos avances, aunque con matices y necesidad de más estudios de alta calidad para establecer protocolos definitivos. En deportistas de élite, estos tratamientos se integran de forma agresiva para restaurar el alto rendimiento, mientras que en la población general se aplican de manera personalizada para aliviar síntomas y recuperar la funcionalidad diaria. El manejo exitoso suele requerir un abordaje multimodal: combinar terapias convencionales con nuevas técnicas según la respuesta del paciente. Con la evolución continua de la investigación – incluyendo ensayos clínicos en curso – es de esperar que en el futuro cercano contemos con guías más sólidas basadas en evidencia para curar esta desafiante lesión y acelerar el retorno a la actividad plena de quienes la padecen.),
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Este post está creado para Revista Estética con esta herramienta, y un redactor corrigiendo a 4 IAs, y posteriormente revisado, mejorado y corregido por Pablo Martín-Ballestero y el equipo de profesionales de Lemniscata Fisioterapia de Zaragoza.
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